** Este 14 de marzo se cumplen 123 años del nacimiento de América Luis Beltrán Prieto Figueroa
T/Luis J. González C.
F/ Archivo diario El Nacional
Una de las narraciones o interpretaciones que se ha hecho del camino recorrido por el gran maestro, Jesucristo, ha sido la multiplicación de los peces y el pan. Este hombre, que marcó un antes y un después en la historia, nos dejó lecciones como esta, la de compartir con amor lo poco que se tenga para hacerlo memorable y productivo en acciones.
Así pasa, cuando con amor haces una receta o un pan. Este importante alimento cuenta con cinco fases en su preparación. La primera; selección de los ingredientes. La segunda; mezcla y amasado. Tercera; el primer fermento. Cuarta la formación y segundo fermento. Quinta y último: Horneado.
Haciendo una analogía entre los dos párrafos que anteceden las siguientes líneas, y hablando de hombres históricos, indudablemente debemos ver en primer lugar aquel niño asuntino que aprendió de su madre a mezclar con amor levadura, agua, harina de trigo, sal, manteca, azúcar y con sus propias manos hacer pan. De su padre, heredó la lectura, y cuando se tiene estas dos influencias del intelecto y con ello crear, para alimentar no solo el estómago sino el pensamiento, tendremos como resultado a Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Los ingredientes
Hasta este punto se preguntará usted mi querido amigo o amiga lector(a) ¿Que tiene que ver Jesús, el pan y Prieto Figueroa?. La respuesta es evidente. Los ingredientes que Prieto Figueroa utilizó para multiplicar su “pan” del conocimiento, fueron, por nombrar a mi juicio, alguno, pensamiento crítico, la reivindicación de los derechos sociales, culturales y hasta económicos de un país sumido en el subdesarrollo y el interés por tener un país en desarrollo constante desde lo educativo, como principal herramienta transformadora.
Primer fermento
Es aquel jovencito, convencido que con el estudio se construye el propio camino al andar, por ello estudió su bachillerato en Caracas (1925) en su natal Nueva Esparta no podía culminarlo. Ha de ser esa misma impotencia y recibir tal trato, que le llevó a escribir y hacer posible la masificación de la educación pública, gratuita y de calidad en cada espacio de nuestro país. Y como buen maestro, supo “amasar” y plasmar en cada discipulado esta necesidad y legado.
Cómo datos curiosos y retomando la metáfora del pan, es que Prieto Figueroa, era panadero, recuerda emocionado su nieto Gilberto Jiménez Prieto “él mismo hacía el pan de jamón en casa cada navidad, para nosotros era emocionante este momento que por demás era de expectativa”, comentó.
Y es que para hacer un país grande, se trabaja primero en la educación, y precisamente para “ganarse el pan” fue conserje en el Liceo Caracas, esto le permitió cubrir sus estudios académicos en la Universidad Central de Venezuela (UCV), la casa que vence las sombras, esas mismas en las que se encontraba la Venezuela post dictadura perejimenizta.
Segundo fermento, Formación y Horneado
El maestro de América tuvo la visión que para formar en la producción era necesario crear una institución que se encargara de esta loable tarea, por ello en 1959, tras aprobación en congreso se crea un 22 de agosto nuestro actual Inces.
Esta misma institución la cual cuenta con 65 años formando a hombres y mujeres para prepararlos para el trabajo, cuál panadero que cuida su masa ( y en este caso la trabajadora) ha dejado en el corazón de cada venezolano “un pedacito de ese pan” que hizo Prieto Figueroa, que sigue vigente, en constante evolución y crecimiento.