** Esta acción muestra a una ciudadanía comprometida, capaz de responder con prontitud ante una situación compleja
YOLAICE VARGAS
Frente a la adversidad, la solidaridad encuentra su mejor canal en el conocimiento y la vocación de servicio. Movilizadas por la sensibilidad ante los difíciles acontecimientos del pasado 24 de junio, un grupo de mujeres egresadas de los programas de formación textil del Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) en la región Yaracuy sumó voluntades para convertir el aprendizaje técnico en un abrazo de ayuda humanitaria.
La iniciativa cobró vida gracias al impulso de Angélica Orozco, ex participante de la institución, quien, conmovida por la situación de vulnerabilidad en la que quedaron decenas de familias y especialmente los más pequeños, decidió dar un paso al frente. Con un mensaje a través del grupo de WhatsApp de sus compañeras, Orozco les propuso poner en práctica las destrezas y técnicas aprendidas en el Inces para confeccionar ropa íntima para los niños y niñas que lo perdieron todo.
La respuesta no se hizo esperar; de inmediato, la empatía y las ganas de servir contagiaron al equipo, al que se unió de manera activa la maestra técnica productiva Patricia García, realizando el primer aporte de tela para poner en marcha los motores de la confección.
Un compromiso que viste de dignidad
El grupo se ha fijado una meta clara y ambiciosa: la elaboración de 500 piezas de ropa íntima, un insumo esencial que a menudo escasea en situaciones de emergencia y que devolverá abrigo, confort y dignidad a los niños y niñas que arriben a la entidad en calidad de refugiados.
«Ver que el conocimiento adquirido en las aulas del Inces hoy se traduce en bienestar y alivio para quienes atraviesan un momento tan complejo nos demuestra el verdadero valor de la Formación Técnica Profesional», destacan las confeccionistas.
Este esfuerzo colectivo pone de relieve el impacto social de la educación popular que promueve el Inces en la región Yaracuy. La institución no solo brinda herramientas técnicas para el desarrollo económico y la inserción laboral, sino que fomenta una ciudadanía comprometida, capaz de responder con prontitud, organización y profundo sentido humano ante las realidades de sus comunidades.
Con cada puntada y cada prenda culminada, estas mujeres yaracuyanas reafirman que la formación con sentido social es, en esencia, una herramienta poderosa para reconstruir vidas y tejer esperanza en los momentos donde más se necesita.
